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Detectives en Córdoba |
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María Brandán Aráoz Ilustraciones de Pez
Editorial Alfaguara Juvenil (...) El hombre empezó a recorrer el pasto con el foco de una linterna, iluminando el camino por el que había pasado poco antes, y escudriñó cada trecho con nerviosismo. Mauro podía oír su respiración agitada, los insultos... -¡Maldita llave! ¿Dónde cuernos se me habrá caído? La linterna bañó de luz los matorrales muy cerca de su escondite, peligrosamente cerca. El hombre se detuvo en esa porción del terreno y, como si adivinara el lugar exacto dónde la había perdido (tal vez, al caérsele, algo habría notado después de todo), se puso en cuclillas a tantear el pasto igual que Sherlock poco antes. Peligrosamente cerca; si lo iluminaba con la linterna... Mauro tenía la frente perlada de sudor y el pulso acelerado como si hubiera corrido kilómetros. Contuvo el aliento y trató de controlar el pánico. No era la primera vez que se encontraba en una situación de peligro. “Si me descubre, voy a luchar con él; soy más alto y más fuerte”, trató de convencerse. Entonces vio que el tipo desenvainaba un cuchillo y, sin dejar de iluminar hacia delante, se aproximaba a su escondite. “ ¡Ya viene! ¡Ya!”, pensó Sherlock, y se puso en guardia, listo para pelear. |
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El Hada
Mau en vacaciones de infierno |
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María Brandán
Aráoz “Y en un abrir y cerrar
de ojos, les proyectó en la pared un magivideo titulado:
Vacaciones de Infierno.
En la pantalla vieron como una Bruja de la
Academia Perfectas Malvadas mantenía secuestrado en su propia
casa a un viejo indefenso con pijama a rayas. Preso en su cama
de barrotes, el anciano de nombre Tolomeo era alimentado a media
ración de pan duro (que no podían comer sin su dentadura
postiza) y a sopa de agua sucia (que al tragar le daban
arcadas). Si tosía o gritaba porque le picaba la garganta, tenía
hambre o quería ir al baño, Lupersa (así se llamaba la Bruja) lo
castigaba poniéndole una mordaza, atándolo a la cama o
encerrándolo durante una hora en el balcón con dos grados de
temperatura bajo cero. Todas las noches la malvada le daba unas
gotas emponzoñadas para que tuviera insomnio o un enfermante que
lo hacía dormir dieciocho horas seguidas con las pesadillas más
espantosas. Si Tolomeo se despertaba gritando, Lupersa lo
castigaba mandándole un ventarrón de aire helado o una ducha de
agua hirviendo.”
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Terrores
nocturnos |
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María Brandán
Aráoz
“Un día pasé por la puerta del último cuarto.
Yo buscaba a Tere que hacía de sardina, y de repente me encontré
con la abuela. Ella salía de ahí y casi nos chocamos.
-Por aquí no vengas, Manuela -me advirtió-.
En esta habitación no se puede jugar. Se usa sólo para guardar
mis adornos y muebles antiguos
Nunca la había visto tan nerviosa. Casi me
empujó por la cocina hasta el patio y cerró de un golpe la
puerta de vidrio que daba al pasillo.
Cuando encontré a Teresa, detrás de un reloj
de pie y medio tapada por las cortinas de la ventana del living,
no pude aguantar la curiosidad y le pregunté:
- ¿Por qué tu abuela no nos deja entrar ahí?”
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Vecinos y detectives en Belgrano |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Shula Goldman
Editorial Alfaguara
“Una débil lamparita ilumina el negocio. Y
afuera ya es de noche. Adela retrocede un poco asustada. Mejor
se vuelve a su casa. Un tintineo de metales, una mano peluda y
la cortina de colgantes se aparta hacia un costado, mostrando el
cuerpo voluminoso con un delantal manchado de sangre. Adela
apenas puede reprimir el grito. El Carnicero tiene una cara
larga, ensombrecida por pelos. Cejas que tapan los párpados de
tan gruesas. Pelo largo, más abajo de los hombros y una barba
enmarañada. Un ojo celeste la mira fijo, el otro es marrón.
Siente que se le entumece la lengua y no puede pronunciar
palabra. El Carnicero avanza hacia el mostrador “
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Detectives en Palermo Viejo |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: G. Arce
Editorial Alfaguara
“Mauro acciona el pedal de su moto y empieza
a seguir a la camioneta. El viento le da en la cara, en el
pecho, y lo hace toser. Ni siquiera lleva un suéter encima del
pijama.
La pick-up cerrada se interna en un paraje
desconocido, con casas derruidas y terrenos cubiertos por yuyos.
Da vueltas y vueltas por calles empedradas como si el conductor
estuviera borracho o perdido. Mauro acelera, y su moto no le
responde; en cambio parece flotar. Empieza a quedarse atrás.
Envuelta en una nube de humo, la camioneta ha desaparecido en la
oscuridad. Mauro intenta darle velocidad pero la moto sigue
suspendida en el aire, como si una fuerza más poderosa la
atrajera hacia atrás.”
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Detectives en Bariloche |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Vladimiro Medino
Editorial Alfaguara
-Le digo que mi compañero de asiento se fue
hace dos horas y no volvió. Pienso que pudo haberle pasado algo.
La azafata dijo que iba a consultar la lista
de pasajeros. Al rato volvió con unas hojas encarpetadas.
-No tienes compañero de asiento, los de los
extremos están vacíos. Puedes disponer de los tres si quieres
–le dijo con una sonrisa burlona.
-Pero si había un hombre canoso sentado
ahí... ¿Usted no lo recuerda?
-Son demasiados pasajeros como para
recordarlos a todos y, por añadidura, los lugares donde están
ubicados –le explicó, a punto de perder la paciencia.
-Yo hablé con el pasajero, no lo inventé
–insistió Mauro.”
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Detectives en Recoleta |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Pez
Editorial Alfaguara
“La luz pasa peligrosamente cerca; pego la espalda con fuerza a
la columna y trato de no pestañear. El hombre está a un metro de
distancia, puedo sentir, como amenazas, su respiración agitada y
el foco que va descubriendo las últimas paredes.
Un
golpe seco lo sobresalta.
-¡Quién anda ahí!
El
corazón me da un vuelco. Me descubrió. No tengo opción, saco del
bolsillo la navaja. Tenso y a la expectativa estoy dispuesto a
dar el salto. Los pasos se acercan, la linterna baña de luz la
primera columna; yo estoy en la siguiente. No importan las
precauciones que haya tomado ni la forzada inmovilidad, no
podré resistir esa luz en plena cara. La claridad es una
enemiga. Y por nada del mundo volverá a Devoto, nunca. Estoy
jugado.”
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Enero en Mar del Sur |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Gustavo Mazali
Editorial Estrada
“El dos de enero partí a jugar al fútbol con
la llave de la casa de huéspedes en el bolsillo. El partido
ya había empezado. Poroto, todo transpirado, me hizo señas
de que esperara sentado hasta el segundo tiempo.
Sus amigos jugaban al fútbol mejor que yo,
y eran grandotes como él aunque no tendrían más de catorce
años. Antes de terminar el segundo tiempo, la pelota se les
fue a la calle justo cuando venía el ómnibus de Miramar. A
pesar de los gritos y silbidos de Poroto y sus amigos, el
chofer no frenó. La reventó como un zapallo y siguió de largo.
(...) Poroto, que era un fenómeno como
goleador, me presentó a sus mejores amigos: Patico, el hijo
del ferretero ("un puntero de primera"), y Meloncho ("el
cabeceador del equipo") que veraneaba en Mar del Sur porque el
padre era el dueño de la pizzería.”
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Soledad va al colegio |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Claudia Ramos
Editorial EMECÉ
(Actualmente libre de derechos)
“Sentada en una banqueta, había una chica más
o menos de su edad, alta, delgada y con la cabeza llena de
rulos. Tenía las mejillas acaloradas, y cruzaba y descruzaba las
piernas pateando todo el tiempo su valija.
-Esperen aquí, niñas, que ya viene la
rectora.
La hermana Cora se fue con un revoleo de
polleras.
Por fin la de rulos dejó las piernas quietas.
-¿Cómo te llamas?
-Alicia. ¿Vos?
-Soledad. Parece que llegamos antes ¿no?
-¡Ojalá no hubiera venido nunca!...”
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Vacaciones con Aspirina |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Alfredo Soderguit
Editorial Santillana
“El velero, empujado por el viento, comienza
a alejarse, y pese a que Rosalía intenta controlar el timón, le
resulta difícil regresar para rescatar al tío Juan y a Aspirina.
-¿Qué pasa? ¡Parece que cada vez estuviéramos
más lejos...! –solloza Soledad.
-El viento sopla de frente... no puedo hacer avanzar el barco
derecho. Tendré que dar una pequeña vuelta para llegar -explica
Rosalía-. No se asusten y sobre todo no dejen de mirar hacia
donde está Juan. Podemos perderlo de vista..”
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Refugio Peligroso |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Gustavo Mazali
Editorial Estrada
“-Yo
conozco un lugar -susurra Matías-. Pero puede ser peligroso.
-¿Qué
lugar? -se interesa Gustavo.
-¿Ves
esa casa? ¿La que tiene el portón de madera? -señala hacia la
esquina-. Está abandonada.
-¿Cómo lo sabes? -pregunta emocionado el otro.
-Pasé
de día y de noche. Nunca hay nadie. Además está muy estropeada.
En el jardín hay una palmera con el tronco así de gordo -y
Matías junta las dos manos formando un gran círculo con los
brazos.
-¡Vamos! -Gustavo está ansioso por investigar el lugar.
La casona de dos pisos es muy diferente a
las demás. La planta alta tiene aspecto de torre, con su ruinoso
y angosto balcón. Un muro de piedra terminado en rejas rodea el
espacioso jardín. Gustavo mira con pesimismo el enrejado, los
extremos son tan afilados como lanzas. El portón de hierro tiene
cadena y tranca..”
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Misterio en Colonia |
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María Brandán
Aráoz
Ilustraciones: Florencia Cafferata
Editorial Santillana
“Jorge se desveló pensando en la historia
de las alhajas robadas que Helena le había contado. ¿Cómo
habrían podido escapar los ladrones si, enseguida de cometer el
robo, todas las salidas de Colonia habían sido bloqueadas? No
podían haber huido esa noche con las alhajas encima porque la
policía o la Prefectura los hubiera atrapado. ¿Y si se hubieran
ido, al día siguiente o al otro, como simples turistas sin
llevarse las alhajas? Siguiendo con esa hipótesis, los
delincuentes podrían haber dejado el botín escondido en alguna
parte para volver luego a recogerlo. ¿Pero dónde?”
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El
Hada Mau y las Perfectas Malvadas |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Nancy Fiorini
Editorial Alfaguara
“Había una vez un país llamado Argenta con
una ciudad de nombre Nuestros Aires donde vivían personas
comunes y corrientes... Hadas y Brujas.
En la gran ciudad, además de colegios y
universidades para chicos y jóvenes como ustedes, existían dos
academias misteriosas muy diferentes entre sí por dentro y por
fuera.
En el barrio Amargado, de calles repletas
de basura, suciedad y papeles tirados, estaba la Academia
Perfectas Malvadas. Allí, las aprendizas de Bruja estudiaban y
practicaban maleficios espantosos y perversidades
horripilantes.”
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Jesús también fue niño |
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Fragmento del cuento “El secreto de Jesús” del
libro Jesús también fue niño
-Tengo algo que
decirte, algo muy importante que soñé. En mi sueño, mi Padre me
hablaba, era mi Padre de verdad. Él está en los cielos, me
quiere mucho y yo lo quiero mucho a Él.
José asintió en
silencio. Sus ojos buenos se llenaron de lágrimas.
-Es cierto, hijo mío
-susurró-. Tu Padre verdadero es Él. Está en los cielos y por
eso yo me encargo de cuidar de ti y de tu Madre aquí en la
tierra. Y mientras pueda lo voy a hacer.”
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El viejo tren |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Constanza Clocchiatti
Editorial Alfaguara “Ver llegar el tren ¡le
da una alegría a Mario! Y esperanzas. Algún día él también irá
a la capital a estudiar veterinaria. Mientras tanto, ayuda a
subir los tachos de leche al furgón. Y cuando la máquina arranca
le da por correrla y subirse, aunque Nacho enseguida lo haga
bajar. Otras veces Nacho lo
deja quedarse, y va con su chata a esperarlo en la próxima
estación. De esas veces, Mario no se olvida más. Parado en el
último vagón de carga siente cómo el tren corre desbocado, igual
que su corazón.”
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Luna recién nacida |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Marcela Calderón
Editorial Alfaguara
“Un
día a mi yegua le empezó a crecer la panza. Le crecía y le
crecía, le colgaba y se movía como un enorme globo.
-Va a tener un potrillo –me
explicó mamá.
-¿Y cuándo va a nacer?
–pregunté yo.
-Para octubre –dijo Papá.
-¿Falta mucho? –quise saber.
-"Y...Carina, hay que esperar"
– me explicó él.
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Un carrito color sol
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Lancman Ink
Editorial Alfaguara
“Los chicos aplauden
entusiasmados y piden más y más globos. Es el día de la
primavera y hasta la maestra come pochoclo rosado. Cuando la
fiesta termina, Ángel sube a cada chico por turno a su carrito
color sol. “
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Magdalena en el zoológico |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Viviana Garófoli
Editorial Alfaguara
“A las focas no les
gustan las galletitas de Magdalena, prefieren tomar sol, nadar
en el agua y comer pescados. Al oso sí que le gustan y también
al jabalí, pero ella no puede meter la mano adentro de la jaula
y tira las galletitas afuera.
El elefante barre el
suelo con la trompa, como si fuera una aspiradora. “
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El globo de Magdalena |
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María Brandán Aráoz
Ilustraciones: Dolores Avendaño
Editorial Alfaguara
“A Magdalena le gusta
jugar con su globo colorado. Lo tira por los aires, le pega con
la mano y lo atrapa por el piolín. Cuando Ella lo lleva a la
plaza, Pablo, su amigo, le dice:
-¿Me prestas el globo?
¡Yo también quiero jugar!”
-No, es mío. No te lo
doy –dice Magdalena.
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